- Desmon acabo con mi vida antes de poder reunirme contigo y fugarnos – dije, me sentía extrañamente triste, las imágenes de su pasado juntos revoloteaban en mi mente como fotografías en movimiento. Sentía mucha lástima por ellos, el amor verdadero nunca debería perderse.
- Bésame Erik, bésame y termina con mi suplicio, te prometo que cuándo decidas reunirte conmigo en el Edén, te estaré esperando – dije mientras cogía su rostro entre mis manos.
- No puedo creer que fuera Desmon quien hiciera semejante locura, pero te aseguro que tendré mi venganza por ello – no me gustaría nada ser ese tal Desmon, Sortus le iba a destrozar de un solo puñetazo.
- No quiero venganza, quiero el beso de mi amor verdadero, del único hombre al que ame en toda mi vida, te quiero a ti, aquí y ahora – dije sintiendo como mis lágrimas salían a borbotones de mis ojos. Sortus no lo pensó dos veces y me besó, bueno, en realidad la besó a ella, yo simplemente era una pequeña sombra dentro de mi cuerpo, no podía sentir nada, solo escuchar y ver a través de mis ojos.
El beso fue profundo y mojado, pero no fue húmedo por sus bocas, lo fue por sus lágrimas, el dolor que ella sentía corría a través de mí como una descarga, me hacía sentirme más poderosa. Shane gruño con rabia y ambos se separaron, yo le lance una mirada envenenada, bueno, yo no, fue Marie.
- Ese hombre te ama – me dijo el fantasma a través de nuestro vinculo – muchas gracias por tu ayuda, por fin podre descansar, si necesitas la ayuda de algún espíritu errante solo dile que yo te concedí la Cofia, ellos sabrán lo que significa y te ayudaran en lo que necesites – ofreció. Luego la sentí retirarse de mi cuerpo y una luz brillante inundó la cueva dejándonos cegados por varios minutos, los vampiros tardaron más tiempo en recobrarse de la ceguera.
- Chicos, muchas gracias por vuestra ayuda – dijo Sortus cuando se recupero del shock- ahora tengo algo que hacer, si me disculpáis… – explicó mientras se marchaba por el agujero de la entrada. Sabía que iba a ir tras Desmon y sabia que no me gustaría nada lo que le iba hacer.
Evan y Shane se reunieron a mí alrededor, para mi desgracia el pelele rubio también lo hizo. Mis sentimiento eran realmente confusos, ya no solo a causa de Marie y de que sus emociones todavía se aferraban a mi cuerpo, sentía algo increíble por Shane, algo que por mucho que dijese Marie no era correspondido, él estaba con otra y yo no podía hacer nada al respecto.
A Evan y a mí nos unía una fuerte atracción, no sé de qué tipo, si física o química, solo sabía que algo crecía entre nosotros, no podía llamarlo amor, porque amor era lo que sentía por Shane, pero quizás algún día pudiera sentir lo mismo por Evan o por otro hombre.
Fin
martes, 30 de junio de 2009
lunes, 29 de junio de 2009
Pag 7
¡ Ya solo queda una pagina para el final de Navidades con Fantasmas !
- Sí, es Sortus – le contesté mientras comía un poco de bacón y unos huevos fritos.
- Bueno, pues ya está solucionado, esta noche Adam me ha pedido que vaya con él, Evan también se ha enterado y quiere estar allí.
Pasamos el resto de tiempo sin charlar de nada mas, impacientes de que llegara la hora de ir a la cueva y arreglar todo este pisto.
A las doce de la noche mientras me cambiaba de ropa Evan aporreó la puerta de mi dormitorio.
- Vengo a buscarte – dijo mientras entraba en el cuarto y lo observaba todo atentamente.
- ¿Eres de naturaleza cotilla o es un nuevo Don? – pregunté divertida.
- Me encantan los cuartos de las chicas – dijo lanzándome una sonrisa no apta para menores.
- Me lo imagino – dije mientras me reía.
- No, no te lo imaginas, no sabes lo que te estás perdiendo – contestó acercándose demasiado a mí.
- Si lo sé – le dije enfrentando sus ojos azules – pero no me interesa – terminé mientras me apartaba de él.
Cuando estuve totalmente lista, Evan y yo salimos de mi habitación en dirección a la cueva.
El profesor Sortus y todos los que estuvieron allí la noche anterior nos esperaban con impaciencia. Nada más entrar en la cueva el fantasma comenzó a colarse en mi interior, esta vez fue distinto, entro con más fuerza y mas impaciente, pude sentir su felicidad mientras miraba a través de mis ojos a Sortus.
- Erik – dije, bueno, en realidad lo dijo ella. Sortus se puso las manos en la cabeza y comenzó a temblar como un chiquillo, podía ver el amor que habían sentido, podía paladearlo, era dulce y sincero, un amor que no debería haber terminado de tan mala manera – te he extrañado tanto.
- Marie, mi Marie ¿Qué demonios ocurrió? – preguntó Erik Sortus acercándose a mí y abrazándome. Se sentía realmente extraño, era como si estuviera viendo una escena en tercera persona y en primera a la vez.
¡ Ya solo queda una pagina para el final de Navidades con Fantasmas !
- Sí, es Sortus – le contesté mientras comía un poco de bacón y unos huevos fritos.
- Bueno, pues ya está solucionado, esta noche Adam me ha pedido que vaya con él, Evan también se ha enterado y quiere estar allí.
Pasamos el resto de tiempo sin charlar de nada mas, impacientes de que llegara la hora de ir a la cueva y arreglar todo este pisto.
A las doce de la noche mientras me cambiaba de ropa Evan aporreó la puerta de mi dormitorio.
- Vengo a buscarte – dijo mientras entraba en el cuarto y lo observaba todo atentamente.
- ¿Eres de naturaleza cotilla o es un nuevo Don? – pregunté divertida.
- Me encantan los cuartos de las chicas – dijo lanzándome una sonrisa no apta para menores.
- Me lo imagino – dije mientras me reía.
- No, no te lo imaginas, no sabes lo que te estás perdiendo – contestó acercándose demasiado a mí.
- Si lo sé – le dije enfrentando sus ojos azules – pero no me interesa – terminé mientras me apartaba de él.
Cuando estuve totalmente lista, Evan y yo salimos de mi habitación en dirección a la cueva.
El profesor Sortus y todos los que estuvieron allí la noche anterior nos esperaban con impaciencia. Nada más entrar en la cueva el fantasma comenzó a colarse en mi interior, esta vez fue distinto, entro con más fuerza y mas impaciente, pude sentir su felicidad mientras miraba a través de mis ojos a Sortus.
- Erik – dije, bueno, en realidad lo dijo ella. Sortus se puso las manos en la cabeza y comenzó a temblar como un chiquillo, podía ver el amor que habían sentido, podía paladearlo, era dulce y sincero, un amor que no debería haber terminado de tan mala manera – te he extrañado tanto.
- Marie, mi Marie ¿Qué demonios ocurrió? – preguntó Erik Sortus acercándose a mí y abrazándome. Se sentía realmente extraño, era como si estuviera viendo una escena en tercera persona y en primera a la vez.
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